Por qué la IA necesita a las Humanidades

Por qué la IA necesita a las Humanidades


Por Licda Josmir Pérez

La integración silenciosa de la Inteligencia Artificial en nuestras vidas desde las redes sociales hasta la geolocalización ha transformado la tecnología en un espejo de nuestra comunicación, pero un espejo que a menudo carece de profundidad. El problema fundamental no radica en la potencia de cálculo, sino en la brecha entre los ceros y unos de las máquinas y la asombrosa complejidad del lenguaje humano, que incluye matices, tonos y silencios que el código por sí solo no puede interpretar. 

Al situarnos ante una tecnología que actúa como un "lorito" procesador de patrones, la implicación es clara: el desarrollo técnico debe converger con las humanidades para garantizar que la innovación sea ética, inclusiva y capaz de entender el contexto social en el que opera. Integrar a lingüistas, filósofos y psicólogos en los equipos de desarrollo no es una opción secundaria, sino un requisito crítico para evitar que la inteligencia del futuro sea, en realidad, una inteligencia fracasada por su falta de humanidad.

El área del procesamiento del lenguaje natural (PLN) es, quizás, el campo donde la necesidad de perfiles humanistas es más evidente, ya que busca que las máquinas comprendan nuestro sistema de comunicación, el cual es inherentemente complejo y ambiguo. Las máquinas hablan en lo que podría llamarse "tequiano", un lenguaje de datos que, aunque se presente como texto, carece de la riqueza de la comunicación no verbal y de la capacidad de asociar conceptos con el conocimiento del mundo de manera inmediata. Mientras que un ser humano crea redes léxico-semánticas con facilidad, la máquina necesita ser entrenada para "desambiguar" significados. Aquí, el papel del lingüista es fundamental para ayudar al software a interpretar no solo la palabra escrita, sino la intención y la estructura detrás de ella, evitando que la tecnología se quede en una mera extracción de patrones vacíos de sentido real.

Sin embargo, el reto de la Inteligencia Artificial trasciende la lingüística para adentrarse en la ética y la psicología social. La IA no es buena ni mala por definición, sino que su valor depende del uso que se le dé; es una herramienta comparable a un tenedor, que puede ser sumamente útil o causar daño según la intención de quien lo maneja. En este escenario, surgen problemas críticos como los sesgos y estereotipos de género en los asistentes virtuales, la gestión de la privacidad de los datos y el impacto de la desinformación. 

Es imperativo contar con expertos que aborden la ética del uso tecnológico, asegurando que se sigan principios de beneficencia, no maleficencia y cooperación. La tecnología necesita de las humanidades para decidir, por ejemplo, si un asistente de emergencias debe tener una voz masculina o femenina para no reforzar prejuicios sociales, o cómo proteger la integridad del usuario en entornos digitales opacos.

El avance de la sociedad digital exige una transformación en la forma en que concebimos el conocimiento y la colaboración profesional. Es necesario "hackear" el estereotipo de que las ingenierías poseen una superioridad intelectual sobre las letras, promoviendo en su lugar una humildad académica que permita el trabajo en equipos diversos. Como advierten expertos en el área, el riesgo actual no es que la gente no sepa matemáticas, sino que carezca de formación en humanidades, lo que impide una visión crítica sobre el desarrollo tecnológico. 

La cooperación entre diferentes perfiles no es solo una estrategia laboral, sino un principio esencial para que la IA cumpla su promesa de hacer el bien. Solo mediante esta alianza multidisciplinar podremos transitar de una tecnología que simplemente procesa datos a una que realmente comprenda y respete la complejidad de la experiencia humana.

Josmir Pérez

La autora es candidata a doctora en el uso de la Inteligencia Artificial Generativa para la enseñanza de la Lengua en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la UASD. Docente en universidades nacionales e internacionales.