Miguel Ángel Martínez: el actor y el hombre |
Escrito por Joan B. Taveras
A la memoria de Miguel Ángel Martínez.
"La oscuridad de
sus palabras no es la misma que la de sus corazones." J.R.R. Tolkien
Dicen que muchas veces
los actores son iguales en los medios que en la vida real. Y muchas veces, lo
que ves acaba siendo distinto a lo que imaginas, para bien o para mal.
Y con esta pequeña
introducción, hablaré francamente: no busco sensacionalismo ni mucho menos
hacer leña del árbol caído, sino compartir mis pensamientos sobre el actor
Miguel Ángel Martínez, o al menos, sobre lo poco que pude conocer de él durante
el año y medio en que hablé con él antes de su fallecimiento. Pude decir
algunas cosas y otras no tanto. Lo hago para honrar su memoria como actor y,
por ende, como persona, y para contemplar la compleja naturaleza del ser.
Conocí a Miguel Ángel Martínez porque mi hermana estudiaba actuación en una escuela de artes pequeña, pero muy trabajadora; ella tenía un gran talento. Miguel Ángel era un excelente tutor en este curso. Era un hombre delgado, con el pelo caído, algo avejentado y con unas gafas un poco grandes.
El señor era metódico;
es decir, si tenía que ingresar en el papel, pretendía llevarse mal para causar
la tensión que su actuación demandaba, o incomodaba para ambientar y así
colocar a todos en las emociones requeridas. Se atrevía a hacerlo sin
pestañear. Era un actor de método, y era tal su destreza que no sabías si
estaba actuando o no.
Y en una de tantas
tardes, mi madre le ofreció llevarlo gentilmente a casa. Una parte de él era la
de un hombre cansado y agotado; otra era la de un hombre tranquilo cuando no
debía actuar. Era alguien, por no decir menos, amigable, hasta un poco cínico
sobre el mundo que lo rodea, algo que yo, como escritor, posiblemente comparto.
Supe que hizo todo
tipo de papeles variopintos, desde la película Andrea (respeté su
trabajo en vida y mucho más ya muerto, pero Andrea me pareció una de dos
cosas: 1. una película que da risa, pero no asusta; 2. el joven Werther, el
personaje de Goethe que se suicidó por despecho, mezclado con actividad
paranormal), y también, si a Dios le pido que me perdone, Danny 45, etc.
Él admitió en entrevistas que pudo haber tenido la vida soñada de muchos, y es
aquí donde hago hincapié en su vida.
Según sus palabras, su
actitud durante la juventud le hizo cambiar su destino. Sus situaciones
imprudentes y gastos le pasaron factura, y esto no es algo que las noticias me
contaron, es algo que el propio Miguel Ángel admitió.
Y es algo importante,
porque muy pocos tienen semejantes agallas para decir ante la gente que han
cometido errores, especialmente ante personas a las que tienes que enseñar para
su futuro. Además, admitir tus errores es un acto valiente. Puedo apostarte
todo a que otro, quizás, se la pasaría culpando a medio mundo, poniendo su
papel de víctima en la narrativa de su vida. Es necesario tener un alto nivel
de conciencia y agallas para decir: "Sí, esta fue mi vida, la mal
manejé."
Aparte, no voy a justificar a Miguel Ángel ni a juzgarlo; apenas pude conocer pinceladas de él, pero, posiblemente, aceptar una parte de nuestros errores es una forma de reconocer nuestra virtud, una parte de mostrarse a sí mismo. Y mostrarse a sí mismo es una forma de ganar autoridad, porque al ser honesto, tienes algo que nadie puede quitarte: tu dignidad.
Además, una parte de
mí ve a un hombre que tuvo agallas de aceptar sus errores, asumir su vida hacia
el progreso y sembrar la semilla trabajada en la próxima generación. Quizás, la
ley es que el alumno debe sobrepasar al maestro, pues esto es lo que hace
destacar el saber.
Y para cerrar, quizás todos podemos aprender de nuestros errores, saber vivir con ellos y, solo quizás, poder ser mejores personas para las generaciones venideras, como el actor Miguel Ángel hizo, y cuya pérdida muchos lamentamos.