PISA 2025: La ilusión del avance educativo en RD

PISA 2025: La ilusión del avance educativo en RD. Imagen generada con IA.

El 91 % de los estudiantes reprueba las competencias básicas en matemáticas pese a más de una década del 4 % del PIB

Por Licda Josmir Pérez

Cada tres años, el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA) coloca frente a las naciones un espejo sin concesiones. Para la República Dominicana, la entrega de los resultados correspondientes al 2025 no ha sido una excepción, sino una nueva y dolorosa constatación de sus sombras estructurales. Tras más de una década de haber conquistado en las calles la asignación constitucional del 4 % del Producto Interno Bruto (PIB) para la educación preuniversitaria, el país caribeño continúa atrapado en un laberinto donde la abundancia de recursos financieros no ha logrado traducirse en la floración del pensamiento crítico ni en el dominio de las competencias fundamentales.

El discurso oficial suele aferrarse a los destellos de mejora marginal como si fuesen triunfos civilizatorios. Ciertamente, la narrativa gubernamental celebra que la materia de Ciencias alcanzara 361 puntos, registrando un salto de 25 puntos con respecto al abismo de 2018. Sin embargo, cuando se disipa el humo de la propaganda institucional, la realidad matemática emerge desnuda y devastadora: en comparación con la medición inmediata de 2022, el sistema educativo dominicano se encuentra sumido en un estancamiento crónico. Matemática permanece inmóvil en los mismos 339 puntos; Lectura retrocede cinco peldaños al descender a 346; y Ciencias apenas suma un solitario punto frente a los 360 alcanzados tres años atrás.

El problema de fondo no radica únicamente en la fluctuación de un puñado de puntos en un cuadro estadístico, sino en el destino trágico de más de 127,000 jóvenes de 15 años a quienes el sistema educativo promete un futuro que luego les niega en las aulas. República Dominicana ocupa hoy el puesto 83 entre 89 sistemas educativos evaluados a escala global, distanciada por 124 puntos del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Se configura así una paradoja hiriente: un país que ostenta uno de los crecimientos económicos más dinámicos de América Latina mantiene, simultáneamente, uno de los aparatos formativos más deficientes del planeta.

Análisis

Un análisis riguroso de la prueba PISA 2025 revela que las deficiencias dominicanas no son incidentales, sino sistémicas. En el ámbito regional, entre 13 naciones latinoamericanas evaluadas, la República Dominicana queda relegada al penúltimo lugar (posición 11) en Ciencias y Matemáticas, superando únicamente a Paraguay y Guatemala, y al antepenúltimo (posición 12) en Lectura. Mientras naciones como Uruguay, Chile y Costa Rica superan los 420 o 440 puntos en Ciencias, el promedio dominicano se arrastra por el suelo de los 360 puntos, situándose 38, 43 y 31 puntos por debajo del promedio regional en Ciencias, Lectura y Matemáticas, respectivamente.

Más alarmante aún es el desglose por niveles de competencia. En Matemáticas, el lenguaje universal de la era de la inteligencia artificial y la automatización apenas un exiguo 9 % de los estudiantes dominicanos alcanza el Nivel 2, considerado por la OCDE como el umbral básico para operar de manera autónoma en la sociedad contemporánea. Esto significa que el 91 % de los adolescentes de 15 años en la República Dominicana carece de las habilidades elementales para interpretar un gráfico numérico, resolver una ecuación lineal simple o calcular una proporción financiera básica. 

En Lectura y Ciencias la situación no es menos dramática: únicamente el 26 % alcanza el nivel básico en Ciencias. Lo impactante es que un 69.3 % de los estudiantes presenta deficiencias severas y simultáneas en las tres áreas evaluadas, posicionando al país entre los diez porcentajes más críticos de todo el mapa.

¿Cuáles son las causas raíz que explican esta parálisis persistente a pesar de los miles de millones de pesos invertidos en infraestructuras, tandas extendidas y tecnología? 

Las evidencias contextuales de la propia prueba PISA señalan un factor determinante: la destrucción del tiempo pedagógico efectivo. Durante el año lectivo 2024-2025, los centros educativos dominicanos perdieron un promedio de 18.9 días de docencia debido a paros de docencia, deficiencias organizativas y festividades desmedidas. Los datos revelan que los estudiantes con asistencia regular obtuvieron en Ciencias hasta 20 puntos más que aquellos con cinco o más días de inasistencia acumulada. En un sistema donde cada día de clase perdido erosiona la frágil arquitectura del aprendizaje, la falta de disciplina institucional se convierte en un acto de despojo intelectual contra la juventud.

En medio de este panorama sombrío, el resultado arroja un hallazgo revelador que merece ser destacado con matices críticos: la equidad socioeconómica como fortaleza relativa. Un 12 % de los estudiantes dominicanos provenientes de los estratos socioeconómicos más vulnerables logra posicionarse entre el 25 % de mejor rendimiento académico a nivel nacional. Esta proporción de "estudiantes resilientes" es matemáticamente equivalente al promedio registrado en la OCDE.

Este fenómeno demuestra que el talento y la voluntad de superación abundan en los barrios marginales y en los campos más lejanos de la geografía dominicana. Sin embargo, también expone una amarga ironía: si jóvenes en condiciones de pobreza extrema son capaces de desafiar su entorno y alcanzar la excelencia, el fracaso masivo del 91 % restante no es una fatalidad biológica ni social, sino la consecuencia directa de un sistema que desperdicia el potencial humano de su gente.

La evaluación PISA 2025 no debe recibirse ni con resignación ni con autoengaño. Celebrar avances de un punto en Ciencias mientras nueve de cada diez jóvenes egresan de las aulas sin comprender lo que leen o sin poder realizar cálculos elementales es una irresponsabilidad política e intelectual. En la economía global del siglo XXI, donde la riqueza de las naciones ya no se mide por sus yacimientos minerales ni por sus playas, sino por la densidad de su capital humano, la República Dominicana está comprometiendo seriamente su viabilidad futura.

Continuar por este derrotero significa condenar a las próximas generaciones a ocupar los eslabones más bajos de la cadena de valor internacional: empleos precarios, mano de obra no cualificada y dependencia de los subsidios estatales. El 4 % del PIB no puede seguir siendo una caja chica de contrataciones ni un presupuesto administrativo inerte; debe convertirse en una palanca inflexible de exigencia, mérito docente, cumplimiento estricto del calendario escolar y rigor académico.

El tiempo de las excusas se ha agotado. O el Estado dominicano asume una reforma profunda centrada en el aula, la lectura comprensiva y el razonamiento lógico, o el país seguirá contemplando, trienio tras trienio, cómo el sueño de una nación próspera y soberana se diluye entre las páginas sin comprender de sus estudiantes.

Josmir Pérez

La autora es candidata a doctora en el uso de la Inteligencia Artificial Generativa para la enseñanza de la Lengua en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Docente en universidades nacionales e internacionales.