El desafío de la sostenibilidad y la Agenda 2030

El desafío de la sostenibilidad y la Agenda 2030

Por Licda Josmir Pérez

En un contexto de creciente incertidumbre global y crisis climática, el concepto de sostenibilidad ha dejado de ser una simple tendencia para convertirse en la hoja de ruta indispensable para la supervivencia humana en un planeta de recursos finitos. 

Carlos Mataix, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid y experto en desarrollo humano, plantea que este desafío no solo implica proteger el medio ambiente, sino transformar radicalmente nuestras formas de producción, consumo y convivencia a través de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. 

Ante el evidente rezago en el cumplimiento de estas metas internacionales, la sociedad se enfrenta hoy a la urgencia de acelerar transiciones energéticas y sociales mediante la inteligencia colectiva, buscando evitar una trayectoria que califica como potencialmente "suicida" si no se actúa con determinación y de manera colaborativa.

La sostenibilidad, lejos de ser un concepto nuevo, es una aspiración histórica de armonía entre las comunidades y su entorno que adquirió una urgencia científica en la segunda mitad del siglo XX. Según el enfoque de sistemas popularizado por investigadoras como Donella Meadows, vivimos en una realidad interdependiente donde cada acción desde encender un interruptor hasta comprar alimentos genera consecuencias en cadena.

 El problema central radica en la contradicción de perseguir un crecimiento material infinito en un planeta físicamente limitado, una ceguera fomentada por valores de competitividad extrema que ignoran las tasas de regeneración de recursos críticos como el agua. Por ello, la sostenibilidad debe entenderse de forma integral: no es únicamente una cuestión ´´verde´´, sino un modelo que abarca dimensiones económicas y sociales, donde la justicia social es innegociable para asegurar que nadie se quede atrás en la transición.

La Agenda 2030, consensuada en 2015 por 193 países, actúa como un "mapa" para navegar en la niebla de la incertidumbre actual, unificando agendas que antes viajaban por separado: la lucha contra la pobreza, la protección de ecosistemas y el desarrollo económico. Aunque el seguimiento de las Naciones Unidas indica que el progreso es lento y preocupante, se destaca que existen ´´palancas de transformación´´ invisibles bajo el radar mediático. 

Entre estas destacan las comunidades energéticas, donde ciudadanos producen y consumen su propia energía renovable, y la agricultura de proximidad, modelos que hace décadas eran experimentales y hoy se integran en la economía real. El éxito de estos avances depende de un cambio en la forma de colaborar; es necesario pasar de una cooperación puramente transaccional ´´yo te doy si tú me das´´ a una colaboración profunda para transformar la realidad y gestionar el conflicto de intereses que conlleva el cambio de estructuras de poder.

Un frente de batalla decisivo para este cambio son las ciudades, responsables del 70% de las emisiones globales y hogar de más de la mitad de la población mundial. 

Actualmente, Europa lidera una misión ambiciosa para que 100 ciudades sean climáticamente neutras en 2030, lo que implica repensar la movilidad, rehabilitar viviendas para reducir el uso de combustibles fósiles e introducir la naturaleza en el entorno urbano. 

Estas medidas no solo son ambientales; son inversiones inteligentes que reducen el gasto sanitario al mejorar la calidad del aire y generan nuevos empleos verdes. Este proceso requiere que las universidades y centros educativos abandonen su rol de ´´torre de marfil´´ para convertirse en espacios de experimentación transdisciplinar donde 180 millones de estudiantes en todo el mundo puedan ser protagonistas activos de las soluciones.

El cumplimiento de este horizonte sostenible depende de la capacidad de activar el talento latente y fomentar el afecto intergeneracional. Se advierte que el talento no es un recurso escaso, sino una riqueza a menudo "triturada" por la desigualdad y la falta de oportunidades.

Para los jóvenes, el consejo es perder el miedo al fracaso, practicar la reflexión a través de la escritura y evitar el individualismo que debilita la acción colectiva. La sostenibilidad es un ejercicio de aprendizaje compartido donde reconocer los límites del planeta y de nuestra propia libertad es lo que permite, paradójicamente, construir una vida buena y duradera para la mayoría.

Josmir Pérez 

La autora es candidata a doctora en el uso de la Inteligencia Artificial Generativa para la enseñanza de la Lengua en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la UASD. Docente en universidades nacionales e internacionales.