Segundo día de emisión de nueva cédula: 12 horas de espera entre lluvias, vientos y miedo

Segundo día de emisión de nueva cédula (Imagen generada con IA)


Por Licda Josmir Pérez

En el segundo día de la entrega de la nueva cédula en el país, la promesa de un proceso ágil contrastó con una realidad marcada por largas horas de espera, fallas técnicas y un episodio climático inesperado que puso a prueba la paciencia y la seguridad de los ciudadanos. Lo que debía ser un trámite ordinario terminó convirtiéndose, desde mi propia experiencia, en una jornada extensa, incierta y, por momentos, angustiante.

Llegué a la Junta Central Electoral de Las Américas a las 9:50 de la mañana. Desde el primer instante, la escena era clara: una fila que daba la vuelta y avanzaba con extrema lentitud. El calor, el cansancio y la falta de información se mezclaban con comentarios de inconformidad entre quienes, como yo, esperaban sin saber cuánto tiempo tomaría completar el proceso. Las fallas en el sistema hacían aún más lenta la dinámica, aumentando la desesperación.

En medio de la espera, conversé con un conocido que había acudido el día anterior. Me relató que llegó a las 9:00 de la mañana y, tras permanecer hasta las 4:00 de la tarde sin lograr completar el proceso, decidió retirarse. Regresó el día siguiente con la esperanza de avanzar, pero, aun siendo las 2:00 de la tarde, no había logrado obtener su cédula. Su testimonio no solo evidenciaba las demoras, sino que confirmaba que la situación se repetía más allá de un caso aislado.

No fue hasta la 1:00 de la tarde que logré entrar a la carpa de organización. Allí, la espera continuó bajo una sombra frente a la incertidumbre. A las 2:30 de la tarde me entregaron el ticket, en un proceso sorprendentemente rápido en comparación con las horas previas. Luego pasé por la toma de fotografía, firma y revisión de datos, etapas que avanzaron con relativa agilidad.

Al salir, quedaba la última espera: recibir la cédula. El día, hasta entonces soleado, comenzó a cambiar. A partir de las 4:00 de la tarde, el cielo se nubló, el viento se intensificó y la lluvia comenzó a caer. En cuestión de minutos, la situación se tornó crítica: una inesperada granizada, acompañada de fuertes ráfagas de viento, terminó por derribar las carpas. El ambiente cambió de inmediato. Las personas corrían, nerviosas, intentando resguardarse dentro de la Junta. El agua empapó todo. En mi caso, la sensación fue como si me hubieran mojado con una manguera. Sin batería en el celular, con miedo y en medio de la incomodidad, no tuve otra opción que retirarme y regresar a casa.

Horas más tarde, a las 9:30 de la noche, volví. Finalmente, en un proceso rápido, me entregaron la cédula. Sin embargo, ya habían transcurrido más de 12 horas desde mi llegada inicial. Antes incluso del evento climático, ya acumulaba siete horas de espera sin resultados.

Lo vivido no es solo una experiencia personal, sino el reflejo de una realidad que afecta a muchos ciudadanos. Las fallas, los problemas técnicos y la falta de condiciones adecuadas convierten un trámite esencial en una jornada extenuante. La emisión de la nueva cédula no debería implicar desgaste extremo.

Ayer, más que renovar un documento, se evidenció la urgencia de replantear este proceso. Porque detrás de cada fila, cada espera y cada ciudadano, hay una demanda clara: respeto y eficiencia.