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| Autoría algorítmica y propiedad intelectual |
Por Licda Josmir Pérez
La emergencia de la inteligencia artificial generativa ha precipitado una crisis conceptual en los fundamentos de la propiedad intelectual desafiando la premisa histórica de que la creatividad es un atributo exclusivamente humano. Este fenómeno no constituye meramente una evolución técnica, sino una encrucijada jurídica y ética que obliga a las sociedades a redefinir quién posee la potestad sobre lo creado en un ecosistema donde la máquina emula la inspiración y el razonamiento.
La relevancia de este debate trasciende el ámbito legal, impactando directamente en la economía digital, la integridad de los derechos culturales y la estructura misma de la autoría en un contexto de automatización avanzada. Ante el vacío normativo que aún persiste, se hace imperativa una reflexión sobre los límites que separan a la herramienta tecnológica del sujeto creador, situando al lector frente a la necesidad de reclamar el espacio de la "chispa humana" como el elemento diferenciador en el tejido de la innovación.
El consenso jurídico internacional sostiene con rigor que la autoría requiere imperativamente de una intervención humana sustancial para ser objeto de protección legal. Organismos como la Oficina de Copyright de los Estados Unidos han delimitado que, si bien una obra puede integrar elementos algorítmicos, solo aquellos fragmentos nacidos de la disposición y edición humana son registrables.
En esta misma línea, la Suprema Corte de Justicia de la Nación en México resolvió en 2025 que las creaciones gestadas exclusivamente por software carecen de protección y pertenecen al dominio público, subrayando que la tecnología no es, por sí misma, un sujeto de propiedad intelectual. No obstante, la evolución de estas herramientas sugiere la posibilidad de un nuevo marco para las denominadas “obras asistidas”, donde la titularidad podría ser compartida entre el usuario que aporta la intención creativa y el desarrollador del sistema, reconociendo así el esfuerzo técnico y la inversión económica que subyace al código.
Sin embargo, el análisis de esta transformación digital debe considerar las asimetrías y riesgos éticos que conlleva la delegación del acto creativo a los algoritmos. Las herramientas de inteligencia artificial no son entidades neutrales; operan como espejos que reflejan los sesgos humanos presentes en sus vastas bases de datos de entrenamiento, lo que compromete la objetividad y justicia de sus resultados. Asimismo, se observa una preocupante concentración de poder donde la industria tecnológica desplaza a la academia en la producción de modelos de aprendizaje, debido a la ingente necesidad de capital y potencia informática, recursos que suelen ser ajenos a los centros de investigación tradicionales.
A este panorama se suma una huella ecológica crítica, pues el entrenamiento de estos sistemas genera emisiones de carbono significativamente superiores a las de actividades industriales convencionales. En regiones como América Latina, la velocidad de este desarrollo técnico contrasta con el paso lento de marcos legales que aún no abordan con suficiencia la protección de derechos de imagen y voz frente a la capacidad mimética de la máquina.
La inteligencia artificial debe ser comprendida como un instrumento de amplificación de la capacidad expresiva —un "pincel más" en el arsenal del artista—, pero que carece de la autonomía ontológica necesaria para sustituir el acto creador fundamental. El futuro de la propiedad intelectual dependerá de la habilidad de las sociedades para valorar y documentar la "capa humana" —la narrativa única, la edición crítica y el criterio ético— que transforma un resultado algorítmico en una obra con identidad protegible.
Reafirmar que la titularidad reside en el humano no es un acto de resistencia frente al cambio, sino una salvaguarda de la dignidad intelectual frente a la producción automatizada. La cuestión medular para el pensamiento no radica únicamente en si la máquina puede generar contenido, sino en nuestra voluntad política y académica de proteger la autoría como un derecho humano inalienable en un mundo donde lo artificial es cada vez más indistinguible de lo auténtico.
