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| Venezuela El dilema del petróleo entre la riqueza y la geopolítica |
Por Licda Josmir Pérez
La historia contemporánea de Venezuela está marcada por una paradoja intrínseca: su inmensa riqueza petrolera ha sido, simultáneamente, el motor de una modernización sin precedentes y el origen de una profunda vulnerabilidad institucional. A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, el país transitó de ser una economía agraria atrasada a convertirse en una potencia energética global, situándose en el centro de disputas geopolíticas que han condicionado su estabilidad interna.
A principios del siglo XX, Venezuela mostraba un nivel de atraso significativo respecto a la región, con una economía basada en el café y el cacao. No obstante, la explotación petrolera transformó esta realidad, permitiendo que para 1930 el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita se cuadruplicara, lo que incluso permitió al país evadir los efectos más devastadores de la Gran Depresión que afectaron a sus vecinos mineros.
Sin embargo, esta bonanza trajo consigo el fenómeno del "síndrome holandés", donde el gasto de la renta petrolera apreció el tipo de cambio real, restando competitividad a los sectores agrícola y manufacturero. A pesar de los esfuerzos históricos por "sembrar el petróleo" mediante la industrialización y la creación de infraestructura, el país desarrolló una dependencia fiscal y externa extrema, convirtiéndose en una economía rentista donde la productividad se estancó frente al auge del consumo.
En las últimas décadas, el petróleo ha sido utilizado explícitamente como un "arma geopolítica" para promover una política exterior antiimperialista y fortalecer la integración regional a través de iniciativas como Petrocaribe y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Este giro estratégico llevó a Venezuela a estrechar vínculos con potencias emergentes como China y Rusia, buscando diversificar sus dependencias y obtener apoyo tecnológico y militar.
No obstante, este reposicionamiento ha coincidido con un deterioro marcado de su capacidad productiva; la producción de crudo, que en 1999 superaba los 3 millones de barriles diarios, se situó en promedio en 921,000 barriles por día en 2024. Actualmente, el país posee las mayores reservas probadas del mundo, estimadas en más de 303 mil millones de barriles, pero enfrenta serios obstáculos debido a sanciones internacionales, ineficiencias en la inversión de capital y una infraestructura afectada por el sabotaje y la falta de mantenimiento.
La trayectoria venezolana demuestra que la posesión de recursos estratégicos es una condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo sostenible. La ubicación privilegiada del país en el Caribe y su salida al Atlántico le otorgan una relevancia geoestratégica innegable para las potencias hegemónicas y emergentes. Sin embargo, mientras la economía siga atada a la volatilidad de los precios internacionales y a la fragilidad de sus instituciones, el "mejor destino" que auguraban los visitantes a principios del siglo pasado seguirá siendo un objetivo esquivo.
Venezuela se asemeja hoy a un gigante que posee el depósito de energía más grande del planeta, pero que aún lucha por encontrar la llave que le permita transformar ese potencial en una prosperidad estable y autónoma.
La autora es candidata a doctora en el uso de la Inteligencia Artificial Generativa para la enseñanza de la Lengua en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la UASD. Docente en universidades nacionales e internacionales.
