China: la política cambiaria como estrategia económica

China: la política cambiaria como estrategia económica

Por Joan Matías Almont
joanmatiasalmont@gmail.com

El valor del yuan retrocedió un 1,4% frente a la divisa estadounidense, superando la barrera de las 7 unidades por dólar y colocando la cotización en un nivel no visto desde hace 11 años. La depreciación ocurre justo después de que Donald Trump anunciara la semana pasada que impondrá otro 10% en aranceles a productos procedentes del gigante asiático por valor de US$300.000 millones.

La devaluación consiste en una reducción deliberada del valor nominal de una moneda dentro de un régimen cambiario determinado, mientras que la depreciación se refiere a una pérdida de valor de una moneda frente a otras, generalmente como resultado de las condiciones del mercado. 

De manera inversa, la apreciación implica un aumento del valor de una moneda respecto de otras divisas. Estas diferencias son importantes para comprender la política cambiaria de China y sus efectos sobre la economía internacional.

Una moneda más débil puede favorecer, en determinadas circunstancias, a los exportadores, debido a que sus productos pueden resultar relativamente más baratos para los compradores extranjeros. Por ejemplo, si un producto chino mantiene su precio en yuanes y el yuan pierde valor frente al dólar, el comprador estadounidense necesitará menos dólares para adquirir ese producto. Esto puede aumentar la competitividad-precio de las exportaciones chinas, aunque el efecto final dependerá también de los costos de producción, la demanda internacional, los precios internos y las condiciones de los mercados.

¿A qué sector puede favorecer?

La depreciación de una moneda también puede favorecer a los turistas extranjeros que visitan el país, pues sus divisas adquieren una mayor cantidad de moneda local. Sin embargo, este beneficio no es absoluto: si la depreciación genera presiones inflacionarias o encarece significativamente los bienes importados, parte de esa ventaja puede desaparecer.

En sentido contrario, una apreciación del yuan favorece, en términos generales, a los importadores chinos y a los ciudadanos que viajan al extranjero. Si, por ejemplo, el tipo de cambio pasa de 7 yuanes por dólar a 6 yuanes por dólar, una importación cuyo precio internacional sea de US$100 pasaría de costar ¥700 a ¥600, suponiendo que el precio en dólares permanezca constante. De igual manera, un ciudadano chino necesitaría menos yuanes para adquirir la misma cantidad de dólares.

Efectos de la política cambiaria

Por tanto, la política cambiaria produce distintos efectos sobre los diversos sectores de una economía. Una moneda depreciada puede favorecer a los exportadores, pero puede perjudicar a los importadores y encarecer los bienes extranjeros. Una moneda apreciada puede abaratar las importaciones y beneficiar a los consumidores, pero reducir la competitividad de determinados exportadores.

En el caso de China, la política cambiaria ha sido durante décadas un elemento importante de su estrategia económica. No obstante, sería incorrecto atribuir el crecimiento extraordinario de sus exportaciones únicamente a la cotización del yuan. La expansión comercial china también estuvo vinculada con factores como la inversión extranjera, la infraestructura, la productividad, los bajos costos de producción, las economías de escala, la incorporación del país a las cadenas globales de suministro y la apertura de nuevos mercados.


Asimismo, tampoco puede afirmarse de manera automática que una moneda depreciada atraiga mayores cantidades de capital extranjero. Para un inversionista internacional, una moneda más débil puede representar una oportunidad al abaratar determinados activos, pero también puede representar un riesgo, debido a que una futura depreciación podría reducir, al convertir sus ganancias a dólares u otra moneda, el rendimiento de su inversión. Por ello, los flujos de capital dependen de muchos otros factores, entre ellos las tasas de interés, la estabilidad económica, las expectativas de crecimiento, la seguridad jurídica y la confianza de los inversionistas.

Precisamente aquí surge una de las preguntas más interesantes de la relación económica entre China y Estados Unidos: si una moneda china relativamente débil permite a los consumidores estadounidenses adquirir productos chinos a precios más bajos, ¿por qué Washington ha preferido históricamente una mayor apreciación del yuan?

La respuesta no puede encontrarse únicamente en el interés de los consumidores. La economía estadounidense está compuesta por múltiples sectores con intereses diferentes. Mientras los consumidores y las empresas importadoras pueden beneficiarse de productos extranjeros más baratos, los fabricantes estadounidenses que compiten directamente con productos chinos pueden verse perjudicados por una moneda china depreciada. De esta manera, una misma política cambiaria puede generar simultáneamente ganadores y perdedores dentro de Estados Unidos.

El problema también está relacionado con el déficit comercial entre ambas economías. Durante años, sectores políticos estadounidenses han cuestionado las políticas cambiarias y comerciales de China, argumentando que determinadas medidas otorgaban ventajas a sus exportadores y contribuían a desequilibrios comerciales. China, por su parte, ha defendido su política económica y ha señalado la importancia de mantener condiciones favorables para su crecimiento y competitividad internacional.

Por eso, reducir el conflicto entre China y Estados Unidos exclusivamente a una supuesta "guerra económica" sería insuficiente. En realidad, existen intereses comerciales, industriales, financieros y geopolíticos que se superponen. La discusión sobre el valor del yuan constituye solamente una parte de una relación económica mucho más compleja.

También resulta necesario evitar la interpretación de que una depreciación beneficia automáticamente a una determinada clase social mientras perjudica a otra. Los efectos se distribuyen principalmente entre sectores económicos. Los exportadores pueden beneficiarse de una moneda más débil, mientras que los importadores y consumidores de bienes extranjeros pueden enfrentar mayores costos. 

Del mismo modo, una apreciación puede favorecer a los consumidores y a los importadores, pero dificultar la competencia de algunos productores nacionales en los mercados internacionales.

En consecuencia, la política cambiaria no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de quién compra más barato o quién vende más caro. Es necesario considerar sus efectos sobre la producción, el empleo, las exportaciones, las importaciones, la inflación, los flujos de capital y la balanza comercial.

La experiencia china demuestra precisamente que el tipo de cambio puede formar parte de una estrategia económica más amplia.