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| A los funcionarios del Gobierno de Abinader y el PRM: el poder no es para siempre |
Por Salvador Holguín
Hay funcionarios del Gobierno del presidente Luis Rodolfo Abinader y dirigentes del PRM, que parecen haber olvidado una verdad elemental: el poder es prestado, el cargo es transitorio y ningún decreto garantiza eternidad. Algunos, después de años ocupando posiciones estratégicas, han comenzado a comportarse como si las instituciones fueran de su propiedad. Se rodean de aduladores, cierran las puertas a las críticas y recomendaciones, dejan de escuchar a las bases y terminan creyendo que todo marcha perfectamente porque nadie a su alrededor se atreve a decirles la verdad.
Ese es uno de los grandes peligros del poder: cuando todos te aplauden como focas, puedes terminar creyendo que nunca te equivocas. Y ahí comienza la desconexión entre partido, gobierno y sociedad. Funcionarios que antes contestaban llamadas ya no responden. Los que buscaban dirigentes ahora los ignoran. Los que prometían puertas abiertas levantaron murallas. Algunos parecen olvidar a quienes caminaron, lucharon, trabajaron y se sacrificaron cuando el PRM todavía estaba buscando llegar al Palacio Nacional.
Pero hay una realidad que ningún funcionario puede cambiar: Luis Abinader terminará constitucionalmente su mandato en 2028, y con el final de un Gobierno también termina el poder de muchísimos que hoy se sienten intocables. El despacho se entrega, el vehículo oficial se devuelve, los escoltas se marchan o cambian de líder, el teléfono deja de sonar con la misma frecuencia y aquellos a quienes hoy algunos funcionarios miran por encima del hombro, serán probablemente los mismos que encontrarán cuando vuelvan a caminar sin cargos por las calles.
Por eso, la arrogancia en el poder no demuestra fortaleza sino más bien falta de visión, tacto estratégico e inteligencia sociopolítica. Quien entiende verdaderamente la política sabe que ningún cargo es eterno y que el respeto sembrado durante el ejercicio de una función pública, puede valer mucho más que todos los privilegios temporales que proporciona el poder.
A ciertos funcionarios del Gobierno del presidente Luis Abinader y del PRM convendría recordarles algo antes de que sea demasiado tarde: No confundan el cargo con su nombre, no confundan el poder del Estado con poder personal, no confundan los aplausos de hoy con lealtad eterna, y sobre todo, no confundan cuatro años en un despacho con toda una vida de poder. Porque el calendario no se detiene ante ministros, directores, administradores ni dirigentes políticos.
El 2028 llegará, y cuando llegue, algunos descubrirán una verdad que debieron comprender desde el primer día: el poder pasa y el cargo termina, pero la forma en que usted trató a la gente mientras estuvo arriba, permanece en la memoria.
Ese día, cuando ya no haya decretos, despachos, escoltas, adulones ni poder que los proteja de la indiferencia, muchos comprenderán que no eran para siempre y que simplemente estaban de paso, como todo en la vida.
