Periquito y Guayabal: El despertar del Oro Verde

Periquito y Guayabal: El despertar del Oro Verde


Por Licda Josmir Pérez

Salir de la capital hacia el corazón de la Cordillera Central en esta Semana Santa de 2026 representa más que un viaje; es experiencia y descubrimiento. El trayecto de 200 kilómetros desde Santo Domingo se completa en más de tres horas y media de camino, un recorrido donde el asfalto de la carretera Sánchez se convierte en el prólogo de una de las geografías más imponentes de la isla. Tras dejar atrás la ciudad de Azua, el ascenso de 70 kilómetros hacia las entrañas de la montaña recuerda que los tesoros más valiosos de la nación requieren altura y voluntad.

A medida que la carretera devora las curvas, el calor sofocante de la llanura se rinde ante una brisa fina y pura. El aire en estas cumbres huele a pino, a tierra mojada y a esa paz que solo la montaña sabe custodiar. El paraje de Periquito, aparece como un oasis de serenidad que sirve de antesala de Guayabal. Es una comunidad pequeña en dimensiones, pero inmensa en alma, donde el tiempo parece haberse detenido bajo la sombra de árboles.

La realidad de estas montañas es un contraste fascinante que sacude los sentidos. Mientras en el resto del país el asfalto quema, aquí la vida se organiza en torno al fogón y al abrigo. Es conmovedor observar la piel bronceada por el frío y el sol de los agricultores, hombres y mujeres que con una sonrisa invitan al viajero a pasar a su casa como si fuera familia de toda la vida.

Este renacer se palpa en el murmullo del viento y el movimiento constante de diversos vehículos que bajan de prisa hacia su destino. No es solo agricultura, es esfuerzo, siembra, cosecha, constancia, amor por la tierra y esperanza.

La realidad de Guayabal es la de un pueblo que ha aprendido a valorar su aislamiento como su mayor activo, protegiendo sus cuencas hídricas con un celo sagrado, sabiendo que cada gota de agua es la sangre que alimenta su bonanza actual.

En Guayabal y Periquito no existen los extraños, solo amigos por conocer. La invitación queda abierta para todo dominicano: recorrer estos kilómetros de asombro, sentir el frío de la madrugada, queda claro que el Sur ya no es el patio trasero de la nación; es su reserva moral, su motor económico y un pedazo de cielo incrustado en las montañas de Azua que todo el país debería conocer y aplaudir.

Licda Josmir Pérez

La autora es candidata a doctora en el uso de la Inteligencia Artificial Generativa para la enseñanza de la Lengua en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la UASD. Docente en universidades nacionales e internacionales.