El riesgo de delegar nuestro pensamiento a la inteligencia artificial

  
El riesgo de delegar nuestro pensamiento a la inteligencia artificial

Por Licda Josmir Pérez

En un entorno digital que prioriza la eficiencia extrema, el tecnólogo y escritor Santiago Bilinkis ha puesto sobre la mesa una advertencia crítica: el surgimiento del “sedentarismo cognitivo”. Este fenómeno describe la tendencia creciente de los individuos a ceder su capacidad de decisión y reflexión a algoritmos y sistemas de inteligencia artificial (IA), un proceso que aunque promete optimizar el tiempo, amenaza con erosionar la autonomía humana y las habilidades fundamentales de pensamiento. A través de su análisis, se cuestiona si el uso indiscriminado de herramientas como Waze, redes sociales y chatbots está transformando la tecnología de un asistente a un sustituto del cerebro humano.

El problema comienza con hábitos aparentemente inofensivos, como la obediencia ciega a los algoritmos de navegación, donde se asume como propia la meta de la aplicación a llegar rápido sin cuestionar si se prefiere un camino más tranquilo o estético. 

Esta pérdida de brújula se extiende al entretenimiento en plataformas como Instagram o TikTok, cuyos algoritmos detectan debilidades del usuario para retener su atención, provocando una pérdida de control sobre el tiempo personal. Según Bilinkis, la llegada de las IA conversacionales profundiza este riesgo, ya que estas herramientas seducen al usuario para delegar no solo tareas, sino todo el proceso de pensamiento y toma de decisiones.

Sin embargo, el panorama no es necesariamente pesimista si se adopta un cambio en la metodología de uso. Un ejemplo destacado en el ámbito educativo muestra a docentes que solicitan a sus estudiantes utilizar IA para corregir redacciones, pero con una condición esencial: los alumnos deben entregar una crítica de las sugerencias de la máquina, decidiendo qué aceptar y qué rechazar. Este ejercicio demuestra que la IA puede ser una herramienta valiosa para mejorar producciones siempre y cuando el ser humano conserve la última palabra y mantenga un rol activo en el proceso creativo.

La urgencia de recuperar estas capacidades se ilustra mediante la comparación con nuestros ancestros. Mientras que un humano de hace 10,000 años podría tener dificultades adaptándose a la tecnología moderna, un humano actual probablemente no sobreviviría dos días en el pasado debido a la pérdida de habilidades básicas, como encender fuego, que han sido delegadas a la tecnología. Cada vez que se cede una función de forma excesiva a las máquinas, se produce una atrofia de la habilidad correspondiente.

El desafío de esta nueva era no consiste en rechazar el progreso, sino en desarrollar la sabiduría necesaria para saber cuándo no usar la tecnología. Resistir la tentación de una vida totalmente optimizada y guiada por algoritmos, y permanecer leales a las imperfecciones humanas, parece ser el secreto para evitar que la evolución tecnológica termine por convertirnos en los “cavernícolas” de nuestro propio tiempo.

Josmir Pérez

La autora es candidata a doctora en el uso de la Inteligencia Artificial Generativa para la enseñanza de la Lengua en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la UASD. Docente en universidades nacionales e internacionales.