El arquitecto de una inteligencia que superará al hombre

El arquitecto de una inteligencia que superará al hombre

Por Licda Josmir Pérez

Lo que hoy conocemos como la revolución de la inteligencia artificial comenzó como el sueño de un adolescente que en los años 70, deseaba jubilarse delegando la resolución de los misterios del universo en un científico artificial más capaz que él mismo.

El éxito de la IA no se debe a descubrimientos súbitos, sino a la persistencia de algoritmos diseñados hace décadas que finalmente cuentan con el soporte de hardware necesario. Según investigaciones, cada cinco años la informática se vuelve diez veces más barata; esto implica que en treinta años el salto cualitativo es de un millón de veces más potencia de cálculo por el mismo coste. Esta evolución ha permitido que conceptos desarrollados en 1991, como los que dan nombre a ChatGPT (Generativo, Pre-entrenamiento y Transformador), pasen de ser ignorados en conferencias a estar presentes en todos los teléfonos móviles. 

El núcleo de este avance son las redes neuronales, que imitan el funcionamiento del cerebro humano mediante procesadores que refuerzan o debilitan sus conexiones para aprender a realizar tareas complejas como la traducción o el reconocimiento de voz.

Más allá de las pantallas, el impacto más profundo se manifiesta en la salud y la sostenibilidad. Redes como la LSTM (memoria larga a corto plazo) ya superan a los profesionales en la detección de células cancerosas y se utilizan para predecir enfermedades como la diabetes o la arritmia. Asimismo, la IA actúa como un "químico artificial" capaz de diseñar catalizadores para extraer dióxido de carbono de la atmósfera, contribuyendo directamente a los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU. Esta capacidad de procesamiento masivo de datos permite encontrar correlaciones que salvan vidas y optimizan la gestión de recursos naturales frente al cambio climático.

Respecto al futuro del empleo, la IA es extremadamente eficiente "detrás de la pantalla", pero aún es torpe en el mundo físico. Mientras un algoritmo puede diseñar un proyecto con facilidad, ningún robot actual posee la milagrosa destreza de una mano humana o la coordinación de un niño. Por ello, los trabajos del futuro se centrarán en la artesanía, el uso del cuerpo y la interacción humana, sectores que las máquinas tardarán mucho más en conquistar. La historia demuestra que aunque los robots asuman tareas mecánicas, la humanidad tiende a inventar nuevos "trabajos de lujo" basados en la comunicación y el ocio.

Nos encontramos en un momento privilegiado de la historia donde las herramientas creadas por el hombre están dejando de ser simples instrumentos para convertirse en sucesores biológicos que harán del universo un lugar inteligente.

Josmir Pérez

La autora es candidata a doctora en el uso de la Inteligencia Artificial Generativa para la enseñanza de la Lengua en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; magíster en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español en la UASD. Docente en universidades nacionales e internacionales.